March 24, 2019

LAS PURGAS NORCOREANAS

Las intrigas en Pyongyang abren un escenario inquietante en  una región convulsa

La inusitada ejecución de Jang Song-thaek, tío y mentor del dictador norcoreano, Kim Jong-un, destapa con toda crudeza las turbulencias que agitan al régimen comunista y abre un escenario inquietante en una región ya convulsa.

La sangrienta purga de Jang —que estuvo precedida por el fusilamiento de dos colaboradores— no tiene precedentes. Es la primera vez que Pyongyang anuncia la ejecución de un miembro destacado de la familia gobernante. Y es la primera vez que el régimen, cuya propaganda escenifica siempre la adhesión incondicional al líder máximo, enseña sin pudor las grietas internas. Después de todo, Jang era hasta hace poco el segundo hombre más poderoso de Corea del Norte.

No hay unanimidad en las lecturas de los acontecimientos, como impone la lógica al tratarse de una dictadura hermética. Hay quienes ven en este desenlace una demostración de fuerza del joven Kim, que asumió el poder hace dos años, tras la muerte de su padre, Kim Jong-il.

Pero otros indicios abonan la tesis de un golpe de mano contra la dinastía comunista. Por ejemplo, la publicitada puesta en escena de la caída de Jan,  su expulsión, del  Politburó y su posterior detención y juicio sumario y el tipo de cargos: no solo era traidor, también depravado, corrupto y drogadicto. Hasta ahora, los Kim lavaban los trapos sucios en casa. La humillación, inevitablemente, salpica a su esposa, tía paterna del líder y poderosa apparatchik, y no deja en buen lugar al clan. Sobre todo porque Jang ocupó durante muchos años puestos de responsabilidad y era la mano derecha del actual mandatario.

Lo que parece claro es que la purga no va a quedar ahí. En la supuesta confesión, antes de ser ejecutado, Jang, defensor de las reformas económicas chinas e interlocutor privilegiado de Pekín, implicó a miembros de las Fuerzas Armadas en una intentona golpista que nadie sabe si es cierta, pero que hace presagiar que van a seguir rodando cabezas.

Nada de esto es tranquilizador. Kim ha dado muestras de ser inexperto e incoherente. Lo mismo aboga por la inversión extranjera como desata las alarmas con una prueba nuclear. Y lo peor es que las tensiones internas de Corea del Norte se desbordan sistemáticamente fuera de sus fronteras. Los vecinos se preparan ya, con toda razón, para las repercusiones de esta crisis.

Corea del Norte ha detonado su tercera bomba nuclear, dos veces más potente que la de 2009. Al enérgico e inmediato coro de condenas ha seguido una reunión urgente del Consejo de Seguridad, que anuncia nuevas sanciones. El valor político del desafío resulta evidente para un régimen que persigue un programa nuclear desde hace 50 años y que en 2012 modificó la Constitución para declararse “nación con armas atómicas”. De puertas adentro, envalentona al jovencísimo líder Kim Jong-un y presumiblemente permitirá a Corea del Norte aumentar su presión en futuras negociaciones con EE UU y sus aliados. Hacia afuera, representa un clarinazo, tanto más alarmante cuanto que el objetivo declarado del régimen comunista es conseguir una bomba potente y reducida que pueda montarse en la cabeza de un misíl intercontinental.

Los esfuerzos para frenar el desarrollo atómico norcoreano han fallado. Más allá de su ritual condena, hay pocas sanciones que el Consejo de Seguridad pueda añadir a las ya impuestas a Pyongyang. El reto, sumado al iraní, va a poner a prueba a Obama. Solo Pekín dispone de palancas diplomáticas y económicas para torcer el brazo de su protegido, aunque ni siquiera sus amenazas previas han resultado disuasorias. Toca al nuevo líder supremo Xi Jinping demostrar que iba en serio. (Editorial  de EL PAIS)

 

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